La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza. Cristo declaró que la influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin. Desde el día de Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han entregado plenamente al Señor y a su servicio. A todo el que ha aceptado a Cristo como su Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador, guía y testigo... RP 11
lunes, 15 de diciembre de 2025
domingo, 12 de noviembre de 2023
09. “LA SANGRE DE CRISTO Y SU JUSTICIA PURIFICA NUESTRA ADORACIÓN”
Ahora Bien, El Punto Principal de lo que venimos diciendo es que tenemos
tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, (Hebreos 8:1).
Se Presenta A Cristo Jesús Como Que Está Continuamente De Pie Ante El Altar, Ofreciendo Momento Tras Momento El Sacrificio Por Los Pecados Del Mundo.
Él Es Ministro del verdadero tabernáculo que el Señor levantó y no el hombre. Las sombras simbólicas del tabernáculo judío ya no tienen virtud alguna.
No se necesita hacer más una expiación simbólica diaria y anual, pero es esencial el sacrificio expiatorio mediante un Mediador debido a que constantemente se cometen
pecados.
Jesús está oficiando en la presencia de Dios, ofreciendo su sangre derramada, como si hubiera sido un cordero
[literal] sacrificado. Jesús presenta la oblación ofrecida por cada culpa y
por cada falta del pecador.
Cristo, nuestro Mediador, y el Espíritu Santo están constantemente intercediendo en favor de la
humanidad; pero el Espíritu no ruega por nosotros como lo hace Cristo, quien presenta su sangre
derramada desde la fundación del mundo; el Espíritu actúa sobre nuestro corazón extrayendo oraciones y arrepentimiento, alabanza y agradecimiento.
La gratitud que fluye de nuestros labios es el resultado de que el Espíritu hace resonar las cuerdas del alma con santos recuerdos que despiertan la música del corazón.
Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza y la contrita confesión
del pecado ascienden de los verdaderos creyentes como incienso hacia el Santuario celestial; pero al pasar por los canales corruptos de la humanidad se contaminan tanto, que a menos que se
purifiquen con sangre nunca pueden tener valor ante Dios.
No ascienden con pureza inmaculada, y a menos que el Intercesor que está a la diestra de Dios presente y purifique todo con su justicia, no son aceptables ante Dios.
Todo el incienso que procede de los
tabernáculos terrenales debe ser humedecido con las gotas
purificadoras
de la sangre de Cristo.
Él sostiene ante el Padre el incensario de
sus propios méritos, en el cual no hay mancha de contaminación
terrenal. Él junta en el incensario las oraciones, las alabanzas y
las confesiones de su pueblo, y con ellas pone su propia justicia
inmaculada.
Entonces asciende el incienso delante de Dios completa y
enteramente aceptable, perfumado con los méritos de la
propiciación de Cristo. Entonces se reciben bondadosas
respuestas.
Ojalá que todos pudieran comprender que todo lo que hay en la obediencia, la contrición, la alabanza y el
agradecimiento debe ser colocado sobre el resplandeciente fuego de la justicia de Cristo. La fragancia de esa justicia asciende como una nube alrededor del
propiciatorio. 6CBA 1077,1078.
[324]
martes, 12 de septiembre de 2023
08. “EL ESPÍRITU SANTO NOS CAPACITARÁ PARA TESTIFICAR”
Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era con todos ellos. Hechos 4:33.
¿Cuál fue el resultado del
derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés? Las buenas nuevas de un Salvador resucitado fueron llevadas a las más
alejadas partes del mundo habitado.
El corazón de los discípulos quedó sobrecargado de una benevolencia
tan completa, profunda y abarcante, que los impulsó a ir hasta los fines de la
tierra testificando: “Lejos
esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Gálatas
6:14.
Mientras proclamaban la verdad tal
cual es en Jesús,
los corazones cedían al poder del mensaje. La iglesia veía a los conversos afluir a ella desde todas las
direcciones. Los apóstatas se volvían a convertir.
Los pecadores se unían con los cristianos
en la búsqueda de la perla de gran precio. Los que habían sido acérrimos
oponentes del evangelio, llegaron a ser sus campeones... La única ambición de los creyentes consistía en revelar un carácter semejante al de Cristo, y trabajar para el engrandecimiento de su reino...
Gracias a sus labores se añadieron elegidos a la iglesia, quienes, recibiendo la palabra de vida, consagraron
su vida a la obra
de comunicar a otros la esperanza que había llenado su corazón de paz
y gozo.
Centenares
proclamaron el mensaje: “El reino de Dios se ha acercado”. No se los podía
constreñir ni intimidar con amenazas.
El Señor hablaba por su medio y, dondequiera que fuesen, los enfermos eran sanados y el evangelio era predicado
a los pobres.
Tal es el poder con que Dios puede obrar cuando los seres
humanos se entregan al dominio de su Espíritu.
A nosotros, tan ciertamente como a los primeros
discípulos, nos pertenece la promesa del Espíritu.
Dios dotará hoy a hombres y a mujeres
del poder de lo alto,
como dotó a los que, en Pentecostés,
oyeron el mensaje de salvación.
En este mismo momento su Espíritu y su gracia son para todos los que los necesitan y
quieran aceptar su palabra al pie de la letra.
Notemos que el Espíritu fue derramado
después que los discípulos hubieron llegado a la unidad perfecta, cuando ya no contendían por el
puesto más elevado. Eran unánimes. Habían desechado todas las
diferencias.
Y el testimonio que se da de ellos después que les fue dado el
Espíritu es el mismo.
Advirtamos la expresión: “Y la multitud de los que habían
creído era de un corazón y un alma”. Hechos 4:32.
El espíritu de Aquel que había muerto para que los pecadores viviesen animaba a toda la congregación de creyentes.
Joyas de los Testimonios 3:209-211. [263]

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