jueves, 19 de marzo de 2020

19. GUIADOS POR EL TESTIMONIO ESCRITO. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.


¡A la ley y al testimonio!  Si no dijeren conforme a esto, 
es porque no les ha amanecido. (Isaías 8: 20).
El Espíritu Santo siempre conduce al creyente a la Palabra escrita y llama su atención a los grandes principios morales de la justificación. Es maravilloso tener el reconocimiento de Dios como resultado del privilegio de testificar en favor de la verdad. Antes de ascender al cielo - cuando una nube de ángeles lo recibió dejándolo fuera del alcance de la mirada de sus discípulos, Jesús les dijo- "Récibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hech. 1: 8).  Gracias a la recepción del Espíritu Santo fueron calificados para testificar por Cristo.

Quisiera impresionarlos con esta realidad.  Los que tienen a Cristo por fe en el corazón, en verdad poseen el Espíritu Santo.  Cada persona que recibe a Jesús como su Salvador personal, con certeza acoge también al Espíritu Santo, que para el creyente es consejero, santificador, guía y testigo.  Cuanto más cerca de Dios camine el discípulo, más efectivo será como testigo y más poderosa la influencia que ejercerá sobre otros su testimonio acerca del amor del Salvador. Dicha relación le ayudará a transmitir las evidencias del galardón de la Palabra de Dios. Esta es la carne y la bebida que satisface la sed del creyente. Se siente recompensado al descubrir en la Biblia la voluntad de Dios.

Algunas personas que dicen ser creyentes se han apartado de la Palabra de Dios dándole las espaldas, y, además de ser descuidados con la Biblia, que es una guía maravillosa e instrumento que prueba todas las ideas, sostienen el sofisma de Satanás al asegurar que el Espíritu les enseña, y que por lo tanto es innecesario destinar tiempo a escudriñar las Escrituras. El Espíritu y la Palabra concuerdan. Dice la Biblia: "¡A la ley y al testimonio!  Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa. 8: 20). El ser humano llega a ser libre únicamente cuando el Espíritu lo liberta.- 
Manuscript Releases, t. 14, pp. 70, 7l. 121 
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martes, 17 de marzo de 2020

18. SANTIFICADOS POR LA PALABRA. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.

Santifícalos en tu verdad; tu palabra verdad. (Juan 17: 17).
Preocupado por los que creían en él, Jesús pidió al Padre que los guardara del mal y que los santificara por: intermedio de la verdad.  Para que no necesitaran hacer conjeturas ni tuvieran incertidumbre alguna acerca de ella, afirmó: "Tu palabra es verdad" (Juan 17:17).  La Palabra de Dios es, pues, el instrumento mediante el cual se realiza la santificación. 

 Es de la mayor importancia que cada uno comprenda las sagradas instrucciones de la Biblia. Como ocurrió con los discípulos, si queremos informarnos acerca del plan de la salvación necesitamos comprender las palabras de vida. Será inexcusable si por nuestra negligencia ignoramos lo que la Palabra de Dios nos demanda.  Para que nos guíe a la verdad, él nos comunicó su Palabra, la revelación de su voluntad; y prometió el Espíritu Santo a los que se lo pidan. Cada creyente que honestamente desea hacer la voluntad de Dios conocerá y comprenderá su doctrina.

En el mundo abundan las falsas enseñanzas; y si nosotros no investigamos las Escrituras con detenimiento, aceptaremos el error como si fuera verdad, y adoptaremos las costumbres del mundo y los engaños de nuestro propio corazón. 

Las doctrinas y modos de ser del mundo están en oposición a la verdad divina.  A los que decidan negar su servicio al mundo con el propósito de ofrecérselo a Dios, necesitarán ayuda divina.  Deberán fijar su rostro como un pedernal en dirección a Sión.  Sentirán la oposición de la sociedad, de la carne y del demonio, y tendrán que avanzar en sentido contrario a la dirección del espíritu mundano y sus influencias.

Desde el tiempo en que el Hijo de Dios tuvo que soportar los prejuicios arrogantes de los incrédulos, no se ha producido ningún cambio en las actitudes del mundo con respecto a la religión de Jesús.  Los siervos de Cristo tendrán que afrontar el mismo espíritu de oposición y reproche, y marchar "fuera del campamento, llevando su vituperio" (Heb. 13: 13).

La misión de Jesús fue demostrada por milagros convincentes. Su doctrina asombró a la gente.  No utilizó la contradictoria jerga de los escribas, que estaba llena de misticismo, cargada de expresiones absurdas y extorsiones sin sentido. Al presentar su sistema de verdad, Cristo atendió las necesidades del corazón.  Sus enseñanzas fueron sencillas, claras y comprensibles. Las verdades prácticas que divulgó estaban revestidas de un poder de convicción que cautivó la atención de la gente. Review and Herald, 7 de febrero de 1888. 120 
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17. REGOCÍJATE EN LA PALABRA. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.


Fueron halladas tus palabras, y yo las comí, y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. (Jeremías 15: 16).

Para poder practicar constantemente la religión de la Biblia necesitamos ser pacientes, abnegados y negarnos a nosotros mismos. Si permanentemente hacemos de la Palabra de Dios un principio de vida, cada cosa que hagamos, cada palabra o acto por común que fuere, pondrá de manifiesto que estamos sujetos a Cristo Jesús, al que hemos sometido en cautiverio nuestros pensamientos.  Si la Palabra de Dios es recibida en el corazón, lo vaciará de la suficiencia propia y de la autodependencia. La vida llegará a ser un poder para el bien debido a que el Espíritu Santo henchirá la mente con los asuntos de Dios. Practicaremos la religión de Cristo, porque la voluntad estará en perfecta conformidad con la de Dios.

Algunos que profesan tener la verdadera religión, desafortunadamente dejan la Guía que Dios estableció para señalarnos el camino al cielo. Tal vez leen la Biblia como si se tratara de un libro escrito por la pluma humana. Esto les proporciona sólo un conocimiento superficial. El hablar acerca de la verdad no santifica a los receptores. Podrán profesar que sirven a Dios; pero, si Cristo estuviera entre ellos, escucharían su voz que les dice: "Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios" (Mat. 22: 29). Los tales no pueden saber en qué consiste la verdadera religión.

"Las palabras que yo os he hablado -dijo Jesús- son espíritu y son vida" (Juan 6: 63). Al testificar acerca de la Palabra de Dios, Jeremías dice: "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón" (Jer. 15: 16). En la Palabra de Dios hay tal poder de sanidad que los así llamados sabios y entendidos no pueden experimentar, pero dicho poder ha sido revelado a los humildes. "La exposición de tus palabras alumbra, hace entender a los simples" (Sal. 119: 130). 

Si se guarda la Palabra en el corazón como si fuera una reliquia, la mente se transformará en la casa del tesoro, de la cual se podrán extraer cosas nuevas y antiguas. Entonces ya no nos producirá placer el pensar en los asuntos comunes de la vida, sino que diremos: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" 
(Sal. 119: 105).
Review and Herald, 4 de mayo de 1897. 119
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