La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza. Cristo declaró que la influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin. Desde el día de Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han entregado plenamente al Señor y a su servicio. A todo el que ha aceptado a Cristo como su Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador, guía y testigo... RP 11
miércoles, 20 de mayo de 2026
jueves, 29 de enero de 2026
lunes, 15 de diciembre de 2025
domingo, 12 de noviembre de 2023
09. “LA SANGRE DE CRISTO Y SU JUSTICIA PURIFICA NUESTRA ADORACIÓN”
Ahora Bien, El Punto Principal de lo que venimos diciendo es que tenemos
tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, (Hebreos 8:1).
Se Presenta A Cristo Jesús Como Que Está Continuamente De Pie Ante El Altar, Ofreciendo Momento Tras Momento El Sacrificio Por Los Pecados Del Mundo.
Él Es Ministro del verdadero tabernáculo que el Señor levantó y no el hombre. Las sombras simbólicas del tabernáculo judío ya no tienen virtud alguna.
No se necesita hacer más una expiación simbólica diaria y anual, pero es esencial el sacrificio expiatorio mediante un Mediador debido a que constantemente se cometen
pecados.
Jesús está oficiando en la presencia de Dios, ofreciendo su sangre derramada, como si hubiera sido un cordero
[literal] sacrificado. Jesús presenta la oblación ofrecida por cada culpa y
por cada falta del pecador.
Cristo, nuestro Mediador, y el Espíritu Santo están constantemente intercediendo en favor de la
humanidad; pero el Espíritu no ruega por nosotros como lo hace Cristo, quien presenta su sangre
derramada desde la fundación del mundo; el Espíritu actúa sobre nuestro corazón extrayendo oraciones y arrepentimiento, alabanza y agradecimiento.
La gratitud que fluye de nuestros labios es el resultado de que el Espíritu hace resonar las cuerdas del alma con santos recuerdos que despiertan la música del corazón.
Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza y la contrita confesión
del pecado ascienden de los verdaderos creyentes como incienso hacia el Santuario celestial; pero al pasar por los canales corruptos de la humanidad se contaminan tanto, que a menos que se
purifiquen con sangre nunca pueden tener valor ante Dios.
No ascienden con pureza inmaculada, y a menos que el Intercesor que está a la diestra de Dios presente y purifique todo con su justicia, no son aceptables ante Dios.
Todo el incienso que procede de los
tabernáculos terrenales debe ser humedecido con las gotas
purificadoras
de la sangre de Cristo.
Él sostiene ante el Padre el incensario de
sus propios méritos, en el cual no hay mancha de contaminación
terrenal. Él junta en el incensario las oraciones, las alabanzas y
las confesiones de su pueblo, y con ellas pone su propia justicia
inmaculada.
Entonces asciende el incienso delante de Dios completa y
enteramente aceptable, perfumado con los méritos de la
propiciación de Cristo. Entonces se reciben bondadosas
respuestas.
Ojalá que todos pudieran comprender que todo lo que hay en la obediencia, la contrición, la alabanza y el
agradecimiento debe ser colocado sobre el resplandeciente fuego de la justicia de Cristo. La fragancia de esa justicia asciende como una nube alrededor del
propiciatorio. 6CBA 1077,1078.
[324]
martes, 12 de septiembre de 2023
08. “EL ESPÍRITU SANTO NOS CAPACITARÁ PARA TESTIFICAR”
Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era con todos ellos. Hechos 4:33.
¿Cuál fue el resultado del
derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés? Las buenas nuevas de un Salvador resucitado fueron llevadas a las más
alejadas partes del mundo habitado.
El corazón de los discípulos quedó sobrecargado de una benevolencia
tan completa, profunda y abarcante, que los impulsó a ir hasta los fines de la
tierra testificando: “Lejos
esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Gálatas
6:14.
Mientras proclamaban la verdad tal
cual es en Jesús,
los corazones cedían al poder del mensaje. La iglesia veía a los conversos afluir a ella desde todas las
direcciones. Los apóstatas se volvían a convertir.
Los pecadores se unían con los cristianos
en la búsqueda de la perla de gran precio. Los que habían sido acérrimos
oponentes del evangelio, llegaron a ser sus campeones... La única ambición de los creyentes consistía en revelar un carácter semejante al de Cristo, y trabajar para el engrandecimiento de su reino...
Gracias a sus labores se añadieron elegidos a la iglesia, quienes, recibiendo la palabra de vida, consagraron
su vida a la obra
de comunicar a otros la esperanza que había llenado su corazón de paz
y gozo.
Centenares
proclamaron el mensaje: “El reino de Dios se ha acercado”. No se los podía
constreñir ni intimidar con amenazas.
El Señor hablaba por su medio y, dondequiera que fuesen, los enfermos eran sanados y el evangelio era predicado
a los pobres.
Tal es el poder con que Dios puede obrar cuando los seres
humanos se entregan al dominio de su Espíritu.
A nosotros, tan ciertamente como a los primeros
discípulos, nos pertenece la promesa del Espíritu.
Dios dotará hoy a hombres y a mujeres
del poder de lo alto,
como dotó a los que, en Pentecostés,
oyeron el mensaje de salvación.
En este mismo momento su Espíritu y su gracia son para todos los que los necesitan y
quieran aceptar su palabra al pie de la letra.
Notemos que el Espíritu fue derramado
después que los discípulos hubieron llegado a la unidad perfecta, cuando ya no contendían por el
puesto más elevado. Eran unánimes. Habían desechado todas las
diferencias.
Y el testimonio que se da de ellos después que les fue dado el
Espíritu es el mismo.
Advirtamos la expresión: “Y la multitud de los que habían
creído era de un corazón y un alma”. Hechos 4:32.
El espíritu de Aquel que había muerto para que los pecadores viviesen animaba a toda la congregación de creyentes.
Joyas de los Testimonios 3:209-211. [263]
sábado, 22 de julio de 2023
07. EL PODER TRANSFORMADOR DEL ESPÍRITU SANTO.
Pues
no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que
desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu
Santo. (1Tesalonicenses 4:7,8).
Cuando
el poder del Espíritu Santo se aprecia
y siente en el corazón, se exhibirá
mucho menos el yo, y se revelará
mucho más el sentimiento de hermandad humana.
Nuestra parte no es exhibir el yo, sino
permitir que el
Espíritu Santo obre en nosotros.
De esta manera,
los hombres y las mujeres que se engañan a sí mismos podrían ser rescatados del error.
Todos, grandes o pequeños, si no son convertidos, están en una plataforma común. Los hombres pueden volverse de una doctrina a otra.
Esto se está haciendo, y se lo seguirá haciendo... sin embargo ellos no saben nada del significado de las palabras: "Os daré corazón nuevo" (Ezequiel 36:26).
El aceptar
nuevas teorías, y el unirse a
una iglesia no brinda vida nueva a nadie, aun cuando la iglesia a la que se
una pueda estar
establecida sobre
el verdadero fundamento.
El conectarse con una iglesia no reemplaza a la conversión.
Suscribir
el nombre al credo de una iglesia no tiene valor para nadie, si el corazón no ha cambiado realmente.
Esta es una cuestión seria, y su
significado debe ser captado plenamente.
Los hombres
pueden ser miembros de iglesia, y aparentemente
trabajar con fervor, realizando una
serie de tareas de año en año, y aún permanecer
no convertidos... Pero cuando se recibe la verdad como verdad en el corazón,
pasa por la conciencia, y cautiva el alma con sus principios puros.
Es puesta
en el corazón por el Espíritu Santo, quien revela su belleza a la mente, para que su
poder transformador pueda
advertirse en el carácter...
Con la gran verdad que tenemos el privilegio de recibir, debemos -y, bajo el poder del Espíritu Santo, podemos- llegar a ser canales vivientes de luz.
Entonces
podemos acercarnos al propiciatorio; y al ver
el arco iris de la promesa, arrodillarnos con corazón contrito, y buscar el reino de los cielos con una
vehemencia espiritual que traerá su
propia recompensa.
Lo tomaremos por la fuerza, como lo hizo Jacob.
Entonces
nuestro mensaje será poder de Dios para salvación.
Nuestras suplicas serán llenas de fervor, colmadas del sentimiento de nuestra gran necesidad; y no nos serán negadas.
La verdad será expresada por la vida y el
carácter y los labios tocados con el carbón encendido tomado del altar de Dios.
Cuando esta
experiencia sea nuestra, seremos levantados de nuestro pobre y miserable
yo, que hemos acariciado
tan tiernamente.
Vaciaremos
nuestros corazones del poder corrosivo del egoísmo, y seremos henchidos
de alabanza y gratitud a
Dios.
Magnificaremos al Señor, el Dios de toda gracia, quien ha magnificado a Cristo.
Y El revelará su poder por medio de nosotros, haciéndonos como hoces agudas en el campo de cosecha. Dios llama a su pueblo a revelarlo. -Review and Herald, 14 de febrero de 1899. RJ209/EGW/MHP
210
viernes, 21 de julio de 2023
06. SE NECESITA EL PODER DEL ESPÍRITU EN EL TIEMPO DEL FIN.
Porque
el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir. (Lucas
12:12).
No debemos restar prominencia a las verdades especiales que nos han separado del mundo, y nos han hecho lo que somos; porque están llenas de intereses eternos. Dios nos ha dado luz acerca de lo que acontece ahora, y por la pluma y de viva voz debemos proclamar la verdad al mundo.
Pero es la vida de Cristo en el alma, el activo
principio del amor impartido por el Espíritu Santo, Lo Único que puede hacer
fructificar nuestras palabras.
El amor de Cristo es la fuerza y potencia de todo
mensaje que para Dios haya
salido alguna vez de labios
humanos.
Un día tras otro pasa a la eternidad, llevándonos siempre más
cerca del fin del
tiempo de gracia.
Como nunca antes, debemos orar para que el Espíritu Santo nos sea
concedido en mayor
abundancia, y debemos esperar que su influencia
santificadora sea sentida por los obreros, para que aquellos
por quienes trabajen sepan que han estado con Jesús y han
aprendido de Él.
Necesitamos clarividencia espiritual, para
poder ver los
designios del enemigo, y proclamar el peligro como
fieles centinelas.
Necesitamos poder de lo alto para poder comprender, hasta
donde pueda
comprenderlos la mente humana, los grandes temas del cristianismo
y sus principios abarcantes.
Los que estén bajo
la influencia del Espíritu de Dios no serán fanáticos, sino serenos y firmes, libres de
extravagancias en pensamientos, palabras o
acciones.
En medio de la
confusión de doctrinas
engañosas, el Espíritu de Dios será un guía y escudo para aquellos que no hayan resistido las evidencias de la verdad, y hayan acallado toda otra voz que la de Aquel que es la verdad.
Estamos viviendo en los postreros días, cuando
se aceptan y
creen errores del carácter más engañoso, al par que se descarta la
verdad.
El Señor tendrá tanto
a los predicadores como a la gente por
responsables de la luz que resplandece sobre su
senda.
Nos llama a trabajar
diligentemente para juntar las joyas de
verdad y ponerlas en el marco del Evangelio.
Han de resplandecer con toda su divina belleza en
las tinieblas morales del mundo.
Esto no puede lograrse sin la ayuda del Espíritu Santo, pero con esta ayuda podemos hacerlo todo. Cuando estamos dotados del Espíritu, nos asimos por la fe del poder infinito.
Nada se pierde de
lo que proviene de Dios. El Salvador del
mundo manda sus mensajes al alma para que se disipen las tinieblas del error.
La obra del Espíritu es
inconmensurablemente grande.
De esta fuente recibe el
obrero de Dios poder y eficiencia.
Obreros
evangélicos, págs. 305, 306. RJ208/EGW/MHP 209

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