viernes, 13 de marzo de 2020

13. CON ESPÍRITU DE ORACIÓN. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.


Abren mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. (Salmos 119: 18).
Más de una porción de las Sagradas Escrituras que los eruditos declaran ser un misterio o que estiman de poca importancia, está llena de consuelo e instrucción para el que estudió en la escuela de Cristo. Si muchos teólogos no comprenden mejor la Palabra de Dios, es por la sencilla razón de que cierran los ojos con respecto a unas verdades que no desean poner en práctica. La comprensión de las verdades bíblicas no depende tanto de la potencia intelectual aplicada a la investigación como de la sinceridad de propósitos y del ardiente anhelo de justicia que animan al estudiante.

Nunca se debería estudiar la Biblia sin oración. Sólo el Espíritu Santo puede hacernos sentir la importancia de lo que es fácil comprender, o impedir que nos apartemos del sentido de las verdades de difícil comprensión. Hay santos ángeles que tienen la misión de influir en los corazones para que comprendan la palabra de Dios, de suerte que la belleza de ésta nos embelese, sus advertencias nos amonesten y sus promesas nos animen y vigoricen. Deberíamos hacer nuestra la petición del salmista: "¡Abre mis ojos, para que yo vea las maravillas de tu ley!" (Sal. 119: 18, V.M).

Muchas veces las tentaciones parecen irresistibles, y es porque se ha descuidado la oración y el estudio de la Biblia, y por ende no se pueden recordar luego las promesas de Dios ni oponerse a Satanás con las armas de las Santas Escrituras. Pero los ángeles rodean a los que tienen deseos de aprender cosas divinas, y en situaciones graves traerán a su memoria las verdades que necesitan.  "Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él" (Isa. 59: 19).

Jesús prometió a sus discípulos "el Consolador, es decir, el Espíritu Santo, a quien -dijo- el Padre enviará en mi nombre", y agregó: "El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo cuanto os he dicho" (Juan 14: 26, VM).  Pero primero es preciso que las enseñanzas de Cristo hayan sido atesoradas en el entendimiento, si queremos que el Espíritu de Dios nos recuerde en el momento de peligro. "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti" (Sal. 119: 11).
El conflicto de los siglos, pp. 657, 658. 115

jueves, 12 de marzo de 2020

12. RECIPIENTES VACÍOS. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.


Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la 
excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. (2 Cor. 4: 7).
Han preguntado: ¿Qué clase de vasija utiliza el Espíritu? ¿Qué dice Jesús?  "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar.  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11: 26-30). 

¿Cuál es el recipiente apropiado para los propósitos del Señor?  
Una vasija vacía. La persona, al desprenderse de toda corrupción, 
queda en condiciones de ser utilizada.
¿Nos hemos vaciado del yo? 
¿Nos hemos liberado de la planificación egoísta? 
¡Oh, ocupémonos menos del yo! 

Quiera Dios purificar a su pueblo, a sus maestros y a las iglesias. Él es un guía que nos orienta en todo, pero esto no nos libera de problemas que nos pueden apartar de los, principios de la justicia. 
¿Por cuánto tiempo debe continuar esta situación? 
¿Cómo puede utilizar el Señor nuestras vasijas para uso sagrado, a menos que nos vaciemos 
a nosotros mismos para dar lugar a la obra del Espíritu Santo?

Dios convoca a su pueblo para que lo revele a él. 
¿Debería ser el mundo el que muestra las normas de integridad que la iglesia no tiene? 
¿Debería ser la ambición egoísta lo primero que muestran los seguidores de Cristo?  

LOS PRINCIPIOS acariciados por ellos, ¿no deberían ser puestos sobre el verdadero fundamento para que en lugar de antagonismo haya unidad en la iglesia? ¿Traeremos a su seno madera, heno o rastrojo?  Mejor, ¿no deberíamos aportar los metales más valiosos: oro, plata o piedras preciosas? ¿Será que no podemos distinguir bien entre la paja y el trigo? ¿No nos hemos dado cuenta de que necesitamos recibir el Espíritu Santo en el corazón para que pueda adaptar y modelar nuestra vida?

Vivimos en tiempos peligrosos. En el temor de Dios quiero decir que el contacto con las Escrituras es indispensable para el completo desarrollo de nuestros caracteres. 
CUANDO el Espíritu Santo actúa sobre el corazón y la mente, cuando el yo está muerto, la verdad puede habilitarnos para una constante expansión y para alcanzar nuevas alturas en el desarrollo. 
CUANDO la verdad le da forma al carácter, 
se la verá cómo es en realidad.
 Review and Herald, 28 de febrero de 1899. 114

11. DISPUESTOS A SER ENSEÑADOS. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.


Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.  Mas dijeron: No andaremos. 
(Jeremías 6: 16).
Después de rogar al Señor que le muestre su voluntad, le proporcione sabiduría celestial y la iluminación de su Santo Espíritu, al investigar las Escrituras el peticionante encontrará que los textos que antes habían sido oscuros, de pronto los entiende con claridad. Como nunca antes esto le ayudará a comprender, sus responsabilidades. Jesús dijo: "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envío. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta" (Juan 7: 16, 17).

El conocimiento de la verdad divina se promete a quienes desean obedecer a la luz y a la verdad confiadas. La entrada por la puerta estrecha no depende de la posesión de conocimientos o de nuestras riquezas, sino que depende de la posesión de un espíritu dispuesto a ser enseñado. El que aprecia y se apropia de cada rayo de luz que recibe para andar en él, poniendo sus acciones en armonía con ese destello y santificándose por su intermedio, recibirá más iluminación. También podrá entender en qué consiste el plan de la salvación...

El que tiene un corazón obediente, y está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, no solamente recibirá la verdad con alegría sino que buscará con fervor los tesoros escondidos que hay en ella.  Abrirá las Escrituras con humildad, y con un espíritu dispuesto a aprender y a comprender cómo andar en la luz.  Por eso preguntará: "Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hech. 9: 6).  Con el propósito de poner su vida en armonía con la voluntad de Dios manifestará disposición a sacrificar cualquier cosa; todo, si le fuera solicitado.

No siempre resulta fácil obedecer la voluntad divina.  Exige firmeza de propósitos para poder entrar por la puerta estrecha que se abre a un sendero angosto que conduce a la vida eterna, porque por todas partes el creyente encuentra insinuaciones para desviarlo por caminos prohibidos.  Los que sienten amor por las riquezas y desean el honor que generan las posiciones destacadas, no entrarán por el sendero estrecho, a menos que se desprendan de sus ídolos.  No es posible transitar por la senda estrecha llevando consigo las cosas de este mundo. El que desea entrar por la puerta estrecha 
debe consagrar a Dios todo lo que es y lo que tiene.  
Jesús dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, 
niéguese a sí mismo, 
y tome su cruz, y sígame" 
(Mat. 16: 24). 

Review and Herald, 28 de marzo de 1912. 113