miércoles, 28 de junio de 2017

I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU: 26. EL ESPÍRITU PUEDE ALEJARSE.


¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteara al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? (Hebreos 10:29). 

Los que resisten al Espíritu de Dios, y provocan su alejamiento, ignoran cuán lejos puede llevarlos Satanás. Cuando el Espíritu Santo se distancia, imperceptiblemente el creyente comienza a hacer las cosas que, por efecto de la luz, una vez consideró pecaminosas. A menos que escuche las advertencias se verá envuelto en una decepción tal, como en el caso de Judas, que lo enceguecerá y hará de él un traidor. 

 Seguirá paso a paso los pisadas de Satanás. 
¿Quién podrá contrarrestar sus propósitos? 
¿Podrá un ministro suplicar por él y defenderlo? 
 Todas sus palabras son como fábulas sin sentido. Al elegir a Satanás como compañero interpreta erróneamente la palabra hablada, y, como resultado, su comprensión es mal orientada por efecto de una luz que no es la verdadera. 

Cuando el Espíritu de Dios es agraviado, cada llamamiento que hacen los siervos del Señor no tiene significado para ellos. Cambian el sentido a cada palabra. Se ríen y ponen en ridículo las advertencias más solemnes de las Escrituras. Si no estuvieran hechizados por las agencias satánicas, los haría temblar. 
 Resulta en vano toda invitación que se les haga. No desean escuchar reproches ni consejos. Desprecian toda súplica del Espíritu. Desobedecen los mandamientos de Dios que una vez vindicaron y exaltaron. 
 Las palabras del apóstol bien podrían tocar la fibra sensible de esta gente: "¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad" (Gál. 3: 1)? Siguen el consejo de su propio corazón hasta que la verdad ya no tiene ningún sentido para ellos. 

 Barrabás fue elegido y Cristo rechazado. Es esencial vivir en armonía con cada palabra de Dios. 
 De no ser así, la vieja naturaleza se irá reafirmando constantemente. 

 Es el Espíritu Santo, verdadera gracia redentora, el que unifica a los seguidores de Cristo y los hace uno con Dios. Es el único que puede desalojar la enemistad, la envidia y la incredulidad. Santifica los afectos, restaura la disposición de espíritu y rescata del poder de Satanás a los deseos más íntimos. 

 Esta es la virtud de la gracia. Es un poder divino. Gracias a su influencia se produce un cambio en los hábitos, las costumbres y las prácticas que, si son acariciadas, separan al hombre de Dios. La obra de la santificación se puede apreciar en el creyente por su progreso y continuo crecimiento.- Review and Herald, 12 de octubre de 1897. 37

I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU: 25. EL ESPÍRITU PUEDE SER AGRAVIADO.


Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:30). 
Quisiera que todos mis hermanos y hermanas pudieran recordar que es un asunto serio contristar al Espíritu Santo. Se entristece cuando el agente humano actúa en forma independiente, y cuando rehúsa entrar en el servicio del Señor porque considera que la cruz es muy pesada, o el renunciamiento demasiado grande. 

 El Espíritu busca habitar en cada creyente, y si es bienvenido como huésped de honor, los que lo reciben llegarán a ser perfectos en Cristo la buena obra comenzada será concluida, y los pensamientos santos, los sentimientos celestiales y las acciones semejantes a las de Cristo ocuparán el lugar de los pensamientos impuros, los sentimientos perversos y los actos de rebeldía. 

El Espíritu Santo es el maestro divino. Si deseamos aprender sus lecciones, llegaremos a ser sabios en la salvación. Sin embargo, necesitamos guardar bien nuestros corazones, puesto que con frecuencia olvidamos las instrucciones divinas que nos instan a no proceder de acuerdo con las inclinaciones naturales de una mente no consagrada. 

 Cada uno necesita pelear su propia batalla contra el egoísmo. Preste atención a las enseñanzas del Espíritu Santo. Si las escucha, las repetirá una y otra vez hasta que las impresiones se graben en forma indeleble, como si hubieran sido esculpidas en la roca.

 Siendo que Dios nos compró, reclama un trono en cada corazón. Mente y cuerpo tienen que estar subordinados a él. Los hábitos naturales y apetitos, deben quedar subyugados por los deseos más elevados del ser. Sin embargo, no podemos depender de nosotros mismos para realizar esta obra. 

 Es imposible estar seguros si pretendemos ser nuestros propios guías. El Espíritu Santo debe renovarnos y santificarnos. 
 En el servicio de Dios no puede haber obras a medias, los que profesan servirle y son indulgentes con sus impulsos naturales, van a descarriar a otros creyentes. Cristo dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mat. 22: 37). "Haz esto, y vivirás" (Luc. 10: 28).- Manuscript Releases, t. 18, pp. 47, 48. 36

I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU: 24. EL ESPÍRITU NOS ILUMINA.


Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. (Juan 12: 35).

 Jesús dijo: "Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas". Junta cada rayo; no dejes pasar uno. Anda en la luz. Practica cada precepto de la verdad que te fue presentada. Vive cada palabra que sale de la boca de Dios y como resultado, seguirás a Cristo en todos sus caminos. 
 Cuando el Señor presenta una evidencia tras otra, y agrega más luz a la ya concedida, ¿por qué el creyente necesita vacilar? 
¿Por qué es tan negligente para avanzar guiado por la luz hacia una luminosidad mayor? 
 El Señor no rehúsa dar el Espíritu a quien se lo pide. 

 Cuando la convicción toca las cuerdas sensibles de la conciencia, ¿por qué no prestarle oídos para escuchar la voz del Espíritu de Dios? Cada vacilación y postergación nos sitúa en una posición en la que nos resulta cada vez más difícil aceptar la luz celestial y, por último, parece imposible que las admoniciones y advertencias nos impresionen. Los pecadores expresan cada vez con mayor facilidad: "Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré" (Hech. 24: 25). 

Conozco los peligros en que se encuentran los que rehúsan andar en la luz que Dios les ha dado. Ellos mismos provocan la terrible crisis por seguir sus propios caminos y proceder según su criterio personal. La conciencia resulta cada vez menos sensible y la voz de Dios parece cada vez más lejana; así es como el obrador de maldad queda liberado a su propia infatuación. Con obstinación resiste cada llamado, desprecia cada consejo y advertencia. 
 Como el mensajero de Dios ya no impresiona su mente, rechaza cada provisión que garantiza su propia salvación. 

 El Espíritu de Dios deja de ejercer su poder para refrenar. Como consecuencia, se escucha la sentencia: "Efraín es dado a ídolos; déjalo" (Ose. 4: 17). ¡Oh, cuán obscura, sombría y obstinada es la independencia! Parece que la insensibilidad de la muerte se apoderara del corazón. Este es el proceso que sigue el que rechaza la obra del Espíritu Santo.- Review and Herald, 29 de junio de 1897. 35