domingo, 4 de junio de 2017

I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU: 23. EL ESPÍRITU NOS HABLA.


Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. (Juan 15: 26). 

El Señor ha condescendido en darle a usted la efusión de su Santo Espíritu. En las reuniones campestres, y en varias de nuestras instituciones, se le ha dado una gran bendición. Ha recibido la visita de mensajeros celestiales, portadores de luz, verdad y poder. No fue por medios extraños como Dios lo bendijo. ¿Cómo Cristo puede subyugar a su pueblo escogido? Por el poder de su Santo Espíritu. A través de las Escrituras es que Dios habla a la mente e imprime la verdad en los corazones de los hombres.

 Antes de la crucifixión, Cristo prometió a sus discípulos que les enviaría al Consolador. Dijo: "Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (Jn. 16:7,8). 
 "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 
 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" 
(vers. 13, 14). 

Al haberse minimizado la promesa de Cristo, y a causa de la escasez del Espíritu Santo, la espiritualidad de la ley y sus eternas obligaciones no han sido comprendidas. Los que profesan amar a Cristo no han captado la relación que existe entre ellos y Dios, y su comprensión aún permanece en la oscuridad. 

 Vagamente entienden la admirable gracia de Dios, quien dio a su Hijo unigénito para salvar al mundo. Tampoco captan lo distante que están de las exigencias de la santa ley, y cuan íntimamente deben ser asimilados sus preceptos para que se manifiesten en la vida práctica. No han visto cuán grande es la necesidad y el privilegio de orar, de arrepentirse y de aceptar las palabra de Cristo.

 Es responsabilidad del Espíritu Santo dar a conocer el modelo de consagración que Dios acepta. Mediante el Espíritu Santo, la persona es iluminada, y el carácter es renovado, elevado y santificado.
Review and Herald, 30 de enero de 1894. 34 
(Recibiréis Poder de E.G. de White)
  

jueves, 1 de junio de 2017

I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU: 22. EL ESPÍRITU NOS VISITA.


En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. (Efesios 1: 13). 

Mediante la profunda acción del Espíritu de Dios me fue mostrado el ministerio de visitación del Espíritu Santo. Me alertó acerca de los peligros a que se verán expuestos los creyentes. Habrán de encarar los más fieros asaltos del enemigo, quien los presionará con tentaciones destinadas a neutralizar la obra del Espíritu de Dios. Su propósito es impedir que las importantes verdades presentadas por el Espíritu Santo purifiquen y santifiquen a los que recibieron la luz celestial y para que Cristo no pueda ser glorificado en ellos. La oportunidad de contar con una mayor luz celestial, pero ésta no es apreciada como sagrada y ni se le permite actuar, producirá oscuridad espiritual. 

 Además, si el creyente no valora las impresiones hechas por el Espíritu de Dios, desaparecerá de la mente el terreno santo que ocupaba. Los que estén dispuestos a realizar avances en su conocimiento espiritual, deben permanecer junto a la fuente de Dios para beber una y otra vez del pozo de la salvación que les ha sido abierto gratuitamente. Nunca deben abandonar este manantial que refresca, para que su corazón, pletórico de gratitud y amor, sea un exponente de la bondad y de la compasión de Dios.

 Continuamente deben beber del líquido vital... "Más os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis" (Juan 6:36).  En el caso de muchos, esto se ha cumplido literalmente. A pesar de que el Señor les ha dado a conocer la verdad, les ha mostrado su carácter misericordioso y los ha iluminado, se vuelven incrédulos y no les importa todas esas manifestaciones de compasión y amor.

 Percibieron la profunda obra del Espíritu de Dios; sin embargo, cuando fueron objetos de las tentaciones insidiosas de Satanás, que generalmente ataca después de un período de reavivamiento, no resistieron la prueba hasta la muerte por no compartir la luz que los recibieron, pudiendo haber estado en terreno ventajoso, fueron aplastados por el enemigo. Deberían haber obrado y procedido en armonía con las sagradas revelaciones del Espíritu Santo, pero, al no hacerlo, sufrieron gran pérdida. 
-Review and Herald, 30 de enero de 1894. 33 

(Recibiréis Poder de E.G. de White)

martes, 16 de mayo de 2017

I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU: 21. “EL ESPÍRITU SE MUEVE EN NUESTRO MEDIO”


En esto conocemos que pertenecemos en él, 
y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.
 (1 Juan 4: 13). 

Aunque no podamos ver al Espíritu de Dios, sabemos que bajo su acción el hombre, que estaba muerto en transgresiones y pecados, es convencido y convertido.  El descuidado y díscolo llega a ser serio.  El endurecido se arrepiente de sus pecados, y el que no tiene fe se hace creyente. El jugador, el borrachín y el licencioso se vuelve firme, sobrio y puro. 
El rebelde y obstinados llega a ser dócil y semejante a Cristo.  
 Cuando observamos estos cambios, podemos estar seguros de que el poder transformador de Dios ha convertido a esa persona. 

No vemos al Espíritu, pero sí es posible captar las evidencias de su obra que cambia el carácter del más endurecido y obstinado de los pecadores. Así como el viento mueve con su fuerza al más elevado de los árboles y los derriba, del mismo modo el Espíritu Santo puede actuar en el corazón humano, sin que ningún hombre finito pueda circunscribir la obra de Dios. 

Su Espíritu se manifiesta en cada persona de maneras diferentes. Aunque algunos tiemblen ante el poder de Dios y el de su Palabra, sus convicciones llegan a ser tan profundas que, aun cuando estalle en su corazón un huracán o una agitación de sentimientos, su ser entero se postra inconmovible ante el poder convincente de la verdad. 

Cuando el Señor perdona al pecador arrepentido, éste se llena del. amor de Dios, de fervor y de energía. Al ser recibido, el Espíritu que da vida no puede ser reprimido. Cristo en él es una fuente de agua que brota para vida eterna. Sus sentimientos de amor son tan hondos y ardientes como lo fue su angustia y agonía. Se asemeja a una fuente profunda que se rompe y se derrama en acción de gracia y alabanza, en agradecimiento y felicidad; hasta las arpas celestiales sintonizan con sus notas de regocijo. 
La historia que tiene para relatar no la cuenta de un modo conciso, común y metódico. 
Es un creyente rescatado por los méritos de Cristo Jesús, y su ser entero se conmueve con la realización de la salvación de Dios.
Review and Herald, 5 de mayo de 1896. 32
(Recibiréis Poder de E.G. de White)